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Probióticos: Las bebidas y alimentos vivos que nos acompañan

¡Hola! Es probable que hayas oído hablar en este tiempo de cosas como probióticos, de la microbiota, de la salud intestinal, etc. Pero no te queda claro bien bien qué es.

Empecemos por el principio: contrario a lo que la mayoría de nosotros cree las bacterias y microorganismos que viven en nuestro cuerpo no son un problema sino parte de nuestra anatomía. Más de 100 billones de microorganismos viven sólo en nuestro intestino. Dado que la microbiota puede modularse voluntariamente, es primordial hacerlo de manera adecuada para conservar la simbiosis, es decir, una relación de armonía entre las bacterias y el intestino: ¡tu salud depende de la diversidad de tu microbiota!.   

¿Pero cómo la modulas? Modificando tu alimentación. Si es alta en azúcares y harinas refinadas tu dieta empobrecerá tu microbiota. Y el problema principal de eso es que en realidad es ella la que hace todo el trabajo pesado de digerir e incorporar los nutrientes de los alimentos en nuestro organismo. Nosotros solos no podemos.

Una microbiota pobre implica una peor absorción de cosas útiles como el hierro, el calcio, el omega3, esas vitaminas que compras especialmente, etc. A su vez esos microorganismos buenos son los que hacen de barrera contra los microbios y las toxinas que también aparecen en nuestro organismo. Entonces tu salud depende de que recompongamos la microbiota y a la vez la cuidemos.

¿Cómo la recomponemos? Consumiendo alimentos ricos en microorganismos (conocidos como probióticos) los conocemos ya que han formado parte de nuestra alimentación desde la antigüedad, son los famosos fermentos: yogur, queso, bebidas fermentadas, chucrut, etc. Pero con los avances de seguridad alimentaria y la ultrapasteurización de los alimentos hemos perdido esto tan necesario para nuestra salud. Nuestro propio ecosistema interno.

No reneguemos de estos avances tampoco, han quitado un montón de bacterias dañinas producto de la contaminación o la mala manipulación de los alimentos. Pero los fermentos controlados correctamente no sólo no son peligrosos sino que, hoy en día, es muy importante incorporarlos a la dieta ya que necesitamos retomar el camino de la sana simbiosis entre estos microorganismos y nosotros.

Entre los que están muy muy de moda encontramos el Kéfir y la Kombucha. El kéfir de leche es uno de los productos lácteos más antiguos que se conocen, consumido durante miles de años, procedente del Cáucaso. Los musulmanes lo llamaban Los granos del Profeta Mahoma y era considerado un maná de Alá. Su sabor y presentación es similar al yogur natural. Existe también el kéfir de agua, en el que se utilizan también unos nódulos (que no son otra cosa que un conjunto de bacilos y levaduras) para fermentar agua azucarada y habitualmente saborizada con jugo de frutas. 

La kombucha en cambio utiliza otro probiótico, que se conoce como scoby (acrónimo: Symbiotic Colony Of Bacteria and Yeast), y que fermenta bebidas a base de té. Su origen sería probablemente chino y muy antiguo. Pasado de generación en generación.

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